viernes, 25 de septiembre de 2009
Difícil pero gratificante
Creo que nunca antes había sido tan consciente del camino que elegí, pues educar no parece ser una misión fácil de cumplir.
Realmente es un reto que sólo puede superarse con paciencia y sabiduría, porque lo que estará en nuestras manos, a diferencia de lo que muchos otros tienen en las suyas, no son edificios, dinero, ni máquinas; en nuestras manos habrá vidas que requieren ser orientadas y en las que, queramos o no, dejaremos huella.
Para el maestro educar, más que su profesión, debe ser un estilo de vida. El debe ser un modelo a seguir o por lo menos alguien que posea algunas virtudes que motiven a sus alumnos a creer en sus palabras. Es lógico, un buen docente no debe sólo conformarse con dictar su materia, en sus discurso además de teoría, técnicas y procedimientos, debe aportar palabras que formen integralmente, que ayuden a organizar una vida mejor, más rica, más de acuerdo con los conceptos de la ética.
Dar es el compromiso, dar conocimiento, guía y ayuda porque se pretende formar el carácter de una persona para que sepa cómo afrontar las diferentes situaciones de la vida.
Definitivamente, no se puede educar de cualquier forma, esto lleva a que tampoco pueda hacerlo cualquier persona, se necesita tener la vocación, el amor y la convicción de lo que se hace y saber que aunque tal vez sea una tarea ardua, es comparable con la siembra que hace el campesino pues más tarde dará fruto: ciudadanos idóneos que trabajen para alcanzar un excelente nivel de vida y asimismo una sociedad más justa. Si todos los que hemos tomado la decisión de educar desde ahora nos preparamos para eso, en unos años nuestro país tendría una realidad menos dura.
Es necesario abrir paso a la verdadera ecuación.
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